Hace poco, revisando un poco sobre las campañas cívicas que ha tenido Cali a lo largo de su historia, encontré una que me llamó mucho la atención: en el primer gobierno del exalcalde Rodrigo Guerrero, hubo una campaña que hablaba de "Cali, la primera ciudad", un mensaje sencillo pero poderoso que apelaba al orgullo regional y al hecho de poner a la capital del Valle en lo alto del concierto de ciudades de Colombia. Como suele pasar con los mensajes institucionales, esta campaña quedó en el olvido, pero creo que vale la pena evocarla y traerla a valor presente, considerando que no solo debe ser un mensaje cívico sino el eje conceptual de un proyecto de ciudad de corto y largo plazo.
Existe una percepción - y algunos hechos- que hacen pensar que Cali ha perdido su ventaja frente a otras capitales colombianas. Rezagos en infraestructura de transporte, violencia urbana, debilidad institucional y una baja capacidad fiscal en relación con capitales como Medellín y Barranquilla suponen retos que, si bien se han ido abordando de forma positiva, muentran aún resultados insuficientes. Hacer de Cali la primera ciudad de Colombia supone establecer unos objetivos y unas rutas claras para hacer viable esa aspiración.
Sin embargo, es importante partir de algo fundamental: para hacer de Cali la primera ciudad, se requiere establecer un diálogo multisectorial que involucre a actores del sector público y privado, reflejado en una visión compartida de lo que es y debe ser Cali. Eso supone desafíos enormes, porque hay que superar rencillas y heridas del pasado que aún cargamos y que, si no lo logramos, no nos permitirán avanzar de forma exitosa en la materialización de ese propósito. Es indispensable lograr ese gran acuerdo alrededor de ejes de desarrollo local que permita tener unos mínimos esenciales para construir en conjunto.
Un ejemplo de cómo concurren sector privado y sector público es el Tren de Cercanías: empezó como una iniciativa privada que tuvo acogida del sector público, lo que permitió que se vincularan gobiernos como el de Francia, que aportaron recursos para los primeros estudios. Ese gran proyecto sirve de ejemplo sobre lo que debe ocurrir en la región, donde exista una visión compartida entre ambos sectores, con unos mínimos que permitan estructurar un modelo de desarrollo de corto y largo plazo. En últimas, la apuesta ganadora es la participación activa del sector privado y del trabajo coordinado con los distintos niveles de gobierno.
Cali puede ser la primera ciudad en calidad de vida, donde converjan criterios de sostenibilidad, un aparato productivo sofisticado y bienes públicos suficientes que permitan el impulso del crecimiento y del desarrollo humano, donde se supere con éxito la violencia, la pobreza y la segregación. Esto, por supuesto, requiere modernizar la Administración pública, ordenar mejor el territorio y hacer inversiones de alto impacto como el tren de Cercanías, que den forma a la ciudad región. A Cali la podemos hacer la primera ciudad de Colombia, con el trabajo y compromiso de todos los sectores de la sociedad caleña.