domingo, 28 de diciembre de 2025

El dilema del tranvía

Causó gran conmoción la noticia del fin del convenio entre el Gobierno Nacional y los privados que financian la Fundación Colfuturo. Tras varios años de servir de vehículo para acumular capital humano en un país ávido de crecer en mano de obra altamente cualificada, se le informó a los candidatos para la convocatoria de 2026 que esta no se haría en los tiempos acostumbrados y que se apalancaría únicamente con recursos privados, que representaban muy poco menos de la mitad del fondo de becas y créditos becas. Rápidamente, la ministra de Ciencias no se hizo esperar y apeló al viejo dilema del tranvía: había que sacrificar a unos para salvar a otros. Haciendo uso del lenguaje grandilocuente que caracteriza al actual Gobierno, el asunto se explicó desde una tensión de clases: no se podía seguir usando recursos públicos para financiar becas de los ricos.

A priori, sonaba tentador, ¿por qué se le daría recursos a personas que pueden pagar sus propios estudios de posgrado en universidades del exterior?, el asunto es que, aunque tentador, no era cierto. Seis de cada 10 pesos que se destinaron al fondo de Colfuturo, iban para los estratos 1, 2, 3 y 4. De hecho, si uno pudiera entender hacia dónde iban estos recursos, la mayoría los reciben estudiantes del estrato 4, que uno podría clasificar como clase media. Por supuesto, algunos estudiantes de los estratos 5 y 6 se financiaron con estos créditos beca. Es decir, el grueso de los recursos se fueron a personas de ingresos medios que, hay que decirlo, difícilmente iban a poder enfrentar los costos de formarse en el exterior. No había, por tanto, necesidad de sacrificarlo: basta con entender a la clase media colombiana para saber que necesitan al Estado para el cierre financiero de decisiones de inversión como la vivienda o la educación.

No vamos a discutir que los estudiantes de estratos 1 y 2 requieren apoyos específicos. Sin embargo, el espíritu de Colfuturo no era el del cierre de brechas sino el de la acumulación de capital humano, por tanto allí no existe el tal dilema que se plantea el Gobierno Nacional: debe haber esfuerzos para el cierre de brechas (como Ser Pilo Pago o ampliar los cupos en universidades estatales de alta calidad), pero también apostarle a la acumulación de capital humano en las clases medias. Insisto, según datos del Sistema de Seguridad Social, menos del 1% de los cotizantes lo hizo con ingresos mayores a 10 millones de pesos al mes. Es poco probable que Colfuturo, por tanto, haya llegado a financiar a estudiantes de familias con la capacidad de financiar su educación en el exterior sin apoyo estatal. 

El falso dilema que nos plantea el Gobierno Nacional parte de un principio cierto: los recursos son finitos, pero también de un sofisma según el cual la clase media no requiere de programas y fondos específicos. Esto es nadando y empujando la maleta, no era necesario aplicar un dilema moral como el del tranvía porque, simplemente, no había que sacrificar a nadie. Colfuturo o cualquier programa de financiación para el crecimiento del capital humano puede coexistir con programas que se dirijan a los segmentos poblacionales de menores ingresos. No tendría sentido, por ejemplo, que en su momento cuando se creó Ser Pilo Paga se hubiera tenido que quitar los recursos a Colfuturo, porque tenían objetivos diferentes. 

La decisión del Gobierno me recuerda al argumento que usó el presidente cuando decidió no firmar el convenio de cofinanciación del Tren de Cercanías del Valle del Cauca, diciendo que en lugar de un tren suburbano mejor se iba a apostar por un tren que uniera a Buenaventura con Yumbo y Poparán, un proyecto que no tiene los estudios avanzados y que no sabemos siquiera cuánto valdrá. Muy seguramente pasará que, a ocho meses de concluir el gobierno de los falsos dilemas, nos quedaremos sin lo uno y sin lo otro, olvidando que los recursos -aunque finitos- pueden enfocarse en esfuerzos diferentes. El Gobierno no tiene por qué abrazar la tesis cristiana de la opción preferencial por los pobres: tiene que crear instrumentos de política para todos los grupos poblacionales y con objetivos distintos. Reducir las brechas no riñe con aumentar el capital humano. 




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