lunes, 14 de octubre de 2024

Cita con la historia

Cali se apresta para vivir dos momentos muy importantes: en pocos días, empezará la COP16, la conferencia de las Naciones Unidas sobre biodiversidad, que es posiblemente el evento de la década para la ciudad; y, por otro lado, estará la consulta popular por la cual se busca el aval ciudadano para la conformación del Área Metropolitana del Suroccidente de Colombia, junto a Jamundí, Palmira, Dagua, Candelaria, Puerto Tejada y Villarrica. Cada uno, dentro de su categoría, es un evento que tendrá efectos muy poderosos en los siguientes años. 

Cali tuvo la audacia de solicitarle al Gobierno Nacional la sede de la COP16 en diciembre del año pasado, en un hecho inédito porque la sede de este evento debía ser para Turquía, que renunció a última hora. Tanto el Gobierno Nacional como los gobiernos departamental y distrital, se echaron al hombro la realización de este evento que tendrá delegaciones de 190 países, lo que supone, entre otros, un desafío logístico importante. Como hecho político y económico, la COP16 es el evento más importante de la historia reciente y representa la oportunidad para la proyección nacional e internacional de Cali, una ciudad ciertamente golpeada por el conflicto, la violencia y el narcotráfico. Cualquier esfuerzo por albergar esta Conferencia de las Naciones Unidas sobre la biodiversidad valía toda la pena.

La COP16 pondrá a Cali en los ojos del mundo. El impacto político, reputacional y económico nos tiene a la expectativa y está por verse; pero, sin duda, a nivel de la gente tendrá un impacto, que se sentirá por el embellecimiento acelerado de zonas estratégicas de la ciudad y por la peatonalización del Centro. Si se capitaliza bien, si se logra involucrar a la gente en los denominados Circuitos de la Biodiversidad de forma exitosa y si el ciudadano siente que algo bueno trajo a su ciudad este evento, es posible que el impacto emocional de la COP sea positivo. Y es necesario, los caleños están ávidos de bocanadas de optimismo.

El otro hito será la consulta popular para la conformación del Área Metropolitana- AMSO. Si bien es algo abstracto a los ojos del observador desprevinido, lograr que los seis municipios y Cali den el voto por la AMSO tiene una importancia en el largo plazo que puede acelerar el ritmo del desarrollo regional. Y es que a pesar de la estrecha relación funcional entre Cali y esos municipios, no existe ningún mecanismo hoy que permita coordinar la labor de los gobiernos locales entre ellos, lo que genera impactos en la movilidad, en el ambiente, en el desarrollo económico, en la infraestructura y en el ordenamiento territorial. Basta ver cómo se desarrolló Ciudad del Campo, en Candelaria y separado únicamente de Cali por el río Cauca, sin que hubiera ningún diálogo entre ambas alcaldías.

El Área Metropolitana representa, sin duda, una opción para que siete territorios convengan una hoja de ruta que haga viable y sostenible el desarrollo regional. Cali y los otros municipios no pueden negarse esa oportunidad, porque es evidente que la receta de la atomización arroja resultados que se quedan cortos ante las necesidades crecientes de la población. Hace unos años escuchaba a un exgerente de EMCALI que luego fue director del Centro de Investigación sobre Desarrollo Regional de la Universidad de los Andes, que decía que en la India hay un valle con una estructura similar al Valle del Cauca, pero con una diferencia que no es menor: ahí viven 200 millones de personas, mientras aquí no hay ni cinco millones. Nosotros estamos a tiempo de darle un giro hacia la sostenibilidad de la región y el AMSO es una herramienta que ayudará a lograrlo.

Hoy Cali tiene una cita con la historia. Hagámoslo bien.

domingo, 6 de octubre de 2024

Que no nos deje el tren

El Valle del Cauca y Cali hoy no tienen una obra de infraestructura más importante que el Tren de Cercanías. Hacerla es imperativo, no solo por la magnitud del impacto económico positivo de su construcción sino por los beneficios de largo plazo en reducción de tiempos de desplazamientos, acercar a las zonas residenciales con los centros de producción y en la disminución de emisiones. Y, por supuesto, es un hito que pondría a Cali al nivel de las principales aglomeraciones de América Latina, una región donde los trenes urbanos y suburbanos brillan por ser una excepción y no la regla como en Europa o Asia. 

El tren de Cercanías de Cali no es un sueño reciente, sin embargo, se le dio un impulso definitivo desde 2015 cuando se empezaron los primeros estudios que permitieron avanzar hacia la prefactibilidad y la posterior factibilidad, terminada hace algunos meses. Con esto cumplido, corresponde ahora al Gobierno Nacional darle el aval técnico a través del Ministerio de Transporte y el aval fiscal del Ministerio de Hacienda, que garantizará los recursos que le corresponden a la Nación. Por el lado de Cali y el Valle, hace falta comprometer vigencias futuras para asegurar el pago de los créditos que se debe gestionar para avanzar hacia la licitación y la construcción posterior. No obstante, ahí hay aún algunos nubarrones.

Según la denominada Ley de Metros, este tipo de sistemas de transporte se financian con un esquema donde el 70% del presupuesto lo aporta el Gobierno Nacional y el 30% las entidades territoriales. Para construir, entonces, la primera línea del Tren de Cercanías se requiere que de los 10 billones que puede llegar a costar, la Nación aporte siete billones mientras los tres billones restantes se los debe distribuir la Alcaldía de Cali y la Gobernación del Valle. Como está inicialmente concebido el esquema, el Gobierno empezaría a hacer sus aportes en 2028 durante 10 años, pero hay señales de que estos aportes empezarían a hacerse en 2030. Esa opción, puedo decirlo, sepultaría este proyecto.

Junto a la seguridad y el orden público, posiblemente hoy no hay un tema más importante y estratégico entre el Gobierno Nacional, Cali y el Valle que el Tren de Cercanías. En este momento debe existir desde todos los actores regionales, incluido el sector privado, un consenso sobre el sentido de prioridad de este propósito y armar un bloque ante la Nación que presione para que los aportes se hagan, a más tardar, desde 2028. A pesar de que el presidente Petro tiene su prioridad clara en el Metro de Bogotá, el llamado debe ser a que incluya en su agenda el Tren de Cercanías del Valle del Cauca. El mensaje debe ser fuerte y claro: asegurar los aportes nacionales desde 2028, lo que permitirá que el proyecto se licite en 2026 y se empiece la etapa de preconstrucción en 2027.

En últimas, la meta debe ser que en 2032 logremos poner a andar el Tren entre Cali y Jamundí, para que a más tardar en 2040 esté cubriendo a Palmira, Yumbo y al Aeropuerto Internacional Alfonso Bonilla Aragón. Son 16 años para extender los 72 kilómetros de la totalidad de la red, una hoja de ruta que debemos acordar y a la cual debemos sumar al Gobierno Nacional con toda la determinación que esto supone. Cali y el Valle no pueden dejar que se escurra el sueño del tren. Que no nos deje el tren.

Compromiso con el Valle

En la recta final de las elecciones del Congreso y con la campaña presidencial a punto de iniciar su etapa final y definitiva, la ausencia d...