Cali se apresta para vivir dos momentos muy importantes: en pocos días, empezará la COP16, la conferencia de las Naciones Unidas sobre biodiversidad, que es posiblemente el evento de la década para la ciudad; y, por otro lado, estará la consulta popular por la cual se busca el aval ciudadano para la conformación del Área Metropolitana del Suroccidente de Colombia, junto a Jamundí, Palmira, Dagua, Candelaria, Puerto Tejada y Villarrica. Cada uno, dentro de su categoría, es un evento que tendrá efectos muy poderosos en los siguientes años.
Cali tuvo la audacia de solicitarle al Gobierno Nacional la sede de la COP16 en diciembre del año pasado, en un hecho inédito porque la sede de este evento debía ser para Turquía, que renunció a última hora. Tanto el Gobierno Nacional como los gobiernos departamental y distrital, se echaron al hombro la realización de este evento que tendrá delegaciones de 190 países, lo que supone, entre otros, un desafío logístico importante. Como hecho político y económico, la COP16 es el evento más importante de la historia reciente y representa la oportunidad para la proyección nacional e internacional de Cali, una ciudad ciertamente golpeada por el conflicto, la violencia y el narcotráfico. Cualquier esfuerzo por albergar esta Conferencia de las Naciones Unidas sobre la biodiversidad valía toda la pena.
La COP16 pondrá a Cali en los ojos del mundo. El impacto político, reputacional y económico nos tiene a la expectativa y está por verse; pero, sin duda, a nivel de la gente tendrá un impacto, que se sentirá por el embellecimiento acelerado de zonas estratégicas de la ciudad y por la peatonalización del Centro. Si se capitaliza bien, si se logra involucrar a la gente en los denominados Circuitos de la Biodiversidad de forma exitosa y si el ciudadano siente que algo bueno trajo a su ciudad este evento, es posible que el impacto emocional de la COP sea positivo. Y es necesario, los caleños están ávidos de bocanadas de optimismo.
El otro hito será la consulta popular para la conformación del Área Metropolitana- AMSO. Si bien es algo abstracto a los ojos del observador desprevinido, lograr que los seis municipios y Cali den el voto por la AMSO tiene una importancia en el largo plazo que puede acelerar el ritmo del desarrollo regional. Y es que a pesar de la estrecha relación funcional entre Cali y esos municipios, no existe ningún mecanismo hoy que permita coordinar la labor de los gobiernos locales entre ellos, lo que genera impactos en la movilidad, en el ambiente, en el desarrollo económico, en la infraestructura y en el ordenamiento territorial. Basta ver cómo se desarrolló Ciudad del Campo, en Candelaria y separado únicamente de Cali por el río Cauca, sin que hubiera ningún diálogo entre ambas alcaldías.
El Área Metropolitana representa, sin duda, una opción para que siete territorios convengan una hoja de ruta que haga viable y sostenible el desarrollo regional. Cali y los otros municipios no pueden negarse esa oportunidad, porque es evidente que la receta de la atomización arroja resultados que se quedan cortos ante las necesidades crecientes de la población. Hace unos años escuchaba a un exgerente de EMCALI que luego fue director del Centro de Investigación sobre Desarrollo Regional de la Universidad de los Andes, que decía que en la India hay un valle con una estructura similar al Valle del Cauca, pero con una diferencia que no es menor: ahí viven 200 millones de personas, mientras aquí no hay ni cinco millones. Nosotros estamos a tiempo de darle un giro hacia la sostenibilidad de la región y el AMSO es una herramienta que ayudará a lograrlo.
Hoy Cali tiene una cita con la historia. Hagámoslo bien.