domingo, 6 de octubre de 2024

Que no nos deje el tren

El Valle del Cauca y Cali hoy no tienen una obra de infraestructura más importante que el Tren de Cercanías. Hacerla es imperativo, no solo por la magnitud del impacto económico positivo de su construcción sino por los beneficios de largo plazo en reducción de tiempos de desplazamientos, acercar a las zonas residenciales con los centros de producción y en la disminución de emisiones. Y, por supuesto, es un hito que pondría a Cali al nivel de las principales aglomeraciones de América Latina, una región donde los trenes urbanos y suburbanos brillan por ser una excepción y no la regla como en Europa o Asia. 

El tren de Cercanías de Cali no es un sueño reciente, sin embargo, se le dio un impulso definitivo desde 2015 cuando se empezaron los primeros estudios que permitieron avanzar hacia la prefactibilidad y la posterior factibilidad, terminada hace algunos meses. Con esto cumplido, corresponde ahora al Gobierno Nacional darle el aval técnico a través del Ministerio de Transporte y el aval fiscal del Ministerio de Hacienda, que garantizará los recursos que le corresponden a la Nación. Por el lado de Cali y el Valle, hace falta comprometer vigencias futuras para asegurar el pago de los créditos que se debe gestionar para avanzar hacia la licitación y la construcción posterior. No obstante, ahí hay aún algunos nubarrones.

Según la denominada Ley de Metros, este tipo de sistemas de transporte se financian con un esquema donde el 70% del presupuesto lo aporta el Gobierno Nacional y el 30% las entidades territoriales. Para construir, entonces, la primera línea del Tren de Cercanías se requiere que de los 10 billones que puede llegar a costar, la Nación aporte siete billones mientras los tres billones restantes se los debe distribuir la Alcaldía de Cali y la Gobernación del Valle. Como está inicialmente concebido el esquema, el Gobierno empezaría a hacer sus aportes en 2028 durante 10 años, pero hay señales de que estos aportes empezarían a hacerse en 2030. Esa opción, puedo decirlo, sepultaría este proyecto.

Junto a la seguridad y el orden público, posiblemente hoy no hay un tema más importante y estratégico entre el Gobierno Nacional, Cali y el Valle que el Tren de Cercanías. En este momento debe existir desde todos los actores regionales, incluido el sector privado, un consenso sobre el sentido de prioridad de este propósito y armar un bloque ante la Nación que presione para que los aportes se hagan, a más tardar, desde 2028. A pesar de que el presidente Petro tiene su prioridad clara en el Metro de Bogotá, el llamado debe ser a que incluya en su agenda el Tren de Cercanías del Valle del Cauca. El mensaje debe ser fuerte y claro: asegurar los aportes nacionales desde 2028, lo que permitirá que el proyecto se licite en 2026 y se empiece la etapa de preconstrucción en 2027.

En últimas, la meta debe ser que en 2032 logremos poner a andar el Tren entre Cali y Jamundí, para que a más tardar en 2040 esté cubriendo a Palmira, Yumbo y al Aeropuerto Internacional Alfonso Bonilla Aragón. Son 16 años para extender los 72 kilómetros de la totalidad de la red, una hoja de ruta que debemos acordar y a la cual debemos sumar al Gobierno Nacional con toda la determinación que esto supone. Cali y el Valle no pueden dejar que se escurra el sueño del tren. Que no nos deje el tren.

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