domingo, 12 de enero de 2025

Que vuelva el tren

Quizás los caleños y los vallecaucanos no son muy conscientes de una realidad: el proyecto ferroviario más avanzado y que podría estar listo para empezar a construirse más pronto es el Tren de Cercanías del Valle del Cauca- TCV, en su primera línea entre Cali y Jamundí. Salvo el Metro de Bogotá, que enhorabuena avanza a muy buen ritmo, el proyecto ferroviario vallecaucano cuenta con una estructuración a nivel de factibilidad, que permite que hoy estemos en una etapa trascendental, consistente en obtener el aval del Gobierno Nacional y firmar no más allá de este 2025 el convenio de cofinanción. Es decir, hoy en Colombia no hay ningún proyecto de transporte basado en tren que esté tan listo para empezar como el TCV. 

Este proyecto, que dotaría a la nueva Área Metropolitana de 24 kilómetros de tendido ferroviario, se convertiría en una arteria fundamental que detonaría el desarrollo regional. No solo reducirá a menos de 50 minutos los tiempos de desplazamiento entre Jamundí y el Centro de Cali, sino que a su paso habría toda una transformación urbana que impulsaría el desarrollo inmobiliario, la renovación y la movilidad sostenible, basada en un sistema de transporte con cero emisiones de material particulado. Difícilmente habrá una obra de infraestructura capaz de agrupar tantos efectos positivos.

En virtud de la aprobación de los cupos de deuda por parte de la Asamblea Departamental y del Concejo de Cali, entre la Gobernación y la Alcaldía hay recursos que ascienden a 1,2 billones de pesos que sirven de presupuesto inicial y de aporte inmediato de los entes territoriales para sacar adelante el proyecto, que requiere que el 70% lo ponga el Gobierno Nacional. Este esfuerzo implica, inevitablemente, que la Nación comprometa recursos para que este sueño del TCV se materialice no más allá de 2026, cuando podrían arrancar sus primeras obras.

La región es una de las que podría convertirse en pionera para reactivar el transporte ferroviario de pasajeros. En 10 años, esperamos, municipios como Palmira y Yumbo queden integrados al TCV, mientras se puede proyectar trenes de media distancia a ciudades intermedias como Buga, Tuluá y Cartago y capitales departamentales como Pereira. El estar en una planicie podría acelerar la realización de proyectos ferroviarios que muevan pasajeros y modernicen la capacidad logística de la región. Esto puede replicarse con facilidad en la Costa Caribe y en el Altiplano Cundiboyacense.

El gran consenso regional debe ser el Tren de Cercanías. No hay otro proyecto más importante que este, que permitirá que Cali y su Área Metropolitana se modernicen, mejore la calidad de vida y se consolide como una plataforma logística de primer nivel nacional e internacional, con impactos positivos en la economía muy importantes. Desprovistos de banderas políticas, no podemos perder la oportunidad que tenemos de impulsar la iniciativa más madurada en su género que tenemos en Colombia -como lo es el TCV- para que vuelva ese medio de transporte que nunca debió desaparecer: el tren.

miércoles, 8 de enero de 2025

Una agenda para 2026

Al empezar 2025, se calienta el periodo electoral. Colombia es un país que cada dos años asiste a elecciones, así que no se ha terminado de recuperar de un proceso de votación y está entrando a otro. En un año y dos meses estaremos eligiendo a los representantes a la Cámara y senadores y, poco después, en un año y medio estaremos eligiendo al nuevo presidente de la República. Por supuesto, mucho de lo que haga el Gobierno Petro determinará el sentido del voto de los colombianos, pero el objetivo aquí no es calificar o descalificar al presidente y su gestión. Ya habrá tiempo para eso. Ahora el propósito es plantear los temas centrales que, creo, debemos abordar como país para resolver problemas estructurales. Me atrevo a sugerir que son los temas que deberían ayudar a definir esa intención de voto.

No hay mejor arma contra la pobreza y los problemas sociales que la productividad. Hacer más productivos a los trabajadores y a las empresas permitirá incrementar los ingresos y mejorar el bienestar de las familias. En 2026 debemos ir a las urnas a votar a aquel que proponga una ruta cierta para que Colombia sea más productiva. Esto debe entenderse como una mejora sustancial en la capacidad de producir más con los mismos factores de producción (como el trabajo o el capital). Para lograrlo, la ruta está en la innovación, la transformación productiva, la formalización, el cierre de brechas de capital humano (pertinencia de la educación), desregularizar la economía e invertir en capacidad logística, tales como puertos, vías, ferrocarriles y aeropuertos. 

En segundo lugar, debe haber una obsesión por la recuperación de la seguridad y el orden público. Aunque ciudades como Cali han visto descender a niveles históricamente bajos sus indicadores de violencia, en ciudades como Bogotá se enfrenta un preocupante retroceso. En la zona rural y en zonas menos conectadas del país como el Cauca, en solo un año hubo un aumento del 131% en el indicador de actos terroristas, lo que expresa la creciente tensión por el fortalecimiento de la presencia de grupos armados organizados. Recuperar el control institucional y apoyar decididamente a los gobiernos locales en las ciudades para enfrentar los retos de inseguridad es un aspecto prioritario para los años que vienen. 

Como tercer elemento de la agenda para 2026, la lucha contra la pobreza debe consolidarse como una bandera. Esto implica atender de forma diferencial fenómenos como la desnutrición, la pobreza monetaria y la pobreza multidimensional. Esto se logra con políticas focalizadas que se basen en mejoramiento de hábitat, transferencias monetarias, cierre de brechas educativas y atención a población vulnerable como niñez, población mayor y personas con discapacidad. Esto es nadando y empujando la maleta: crear capital humano y atender las necesidades inmediatas que permitan aliviar el sufrimiento derivado de la escasez extrema. 

En materia de infraestructura de transporte, Colombia no puede esperar más. Consolidar la reactivación del ferrocarril de carga, pero también pensar en sistemas ferroviarios de pasajeros. Hay regiones como el Altiplano cundiboyacense, el Valle del Cauca y el Caribe que están listos para el desarrollo de trenes de media y larga distancia y sistemas de cercanías que mejoren la conectividad entre los centros productivos y las principales plataformas logísticas. Un ejemplo es el ferrocarril del Pacífico y el Tren de Cercanías del Valle del Cauca, que debería empezar sus primeras obras en 2026. Pero esto va acompañado de inversión en vías nacionales, secundarias y terciarias; en obras pendientes como el dragado del puerto de Buenaventura y en garantizar mayor cobertura de dobles calzadas. Pendiente también del desarrollo de las etapas posteriores del aeropuerto Eldorado, el nuevo aeropuerto de Cartagena, consolidar por fin el proyecto del Aeropuerto del Café y la nueva concesión del aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón. 

Un cuarto elemento es la modernización del Estado. El exceso de municipalización del regimen colombiano ha creado municipios enclenques, sin capacidad de gestión de recursos propios y de planeación del desarrollo local. En ese sentido, reformas que permitan fortalecer los esquemas de asociatividad territorial, el empleo público y que permitan modelos como las comunidades autónomas es importantes considerarlas. Así mismo, transformar el sistema electoral, que diseñe  distritos electorales más pequeños y suprima la circunscripción nacional para el Senado. También valdría la pena replantear los calendarios electorales. Es inaudito que los mandatos de los alcaldes y gobernadores arranquen el 1 de enero, con todo los traumatismos administrativos que eso conlleva.

Y, finalmente, una agenda centrada en las libertades individuales: que facilite la creación de empresas; que promueva el emprendimiento; que otorgue garantías para que el individuo viva conforme a los dictados de su consciencia. Un Estado que elimine progresivamente las barreras para lograrlo, sin que quede cautivo de agendas colectivistas que terminan imponiendo unos credos sobre otros. "La igualdad de oportunidades, no de resultado" es una premisa que debe reflejar esa agenda por las libertades individuales que propongo que esté en el eje de las decisiones para 2026. 

Vienen meses intensos y de mucho apasionamiento. Que eso no nos nuble las prioridades que debería establecer Colombia para la última parte de la década. Todo lo anterior enmarcado en un principio de sostenibilidad, que permita que fluya el desarrollo sin que suponga un riesgo a las generaciones futuras, lo que obliga a tomar decisiones fiscales y ambientales responsables. 




Compromiso con el Valle

En la recta final de las elecciones del Congreso y con la campaña presidencial a punto de iniciar su etapa final y definitiva, la ausencia d...