Quizás los caleños y los vallecaucanos no son muy conscientes de una realidad: el proyecto ferroviario más avanzado y que podría estar listo para empezar a construirse más pronto es el Tren de Cercanías del Valle del Cauca- TCV, en su primera línea entre Cali y Jamundí. Salvo el Metro de Bogotá, que enhorabuena avanza a muy buen ritmo, el proyecto ferroviario vallecaucano cuenta con una estructuración a nivel de factibilidad, que permite que hoy estemos en una etapa trascendental, consistente en obtener el aval del Gobierno Nacional y firmar no más allá de este 2025 el convenio de cofinanción. Es decir, hoy en Colombia no hay ningún proyecto de transporte basado en tren que esté tan listo para empezar como el TCV.
Este proyecto, que dotaría a la nueva Área Metropolitana de 24 kilómetros de tendido ferroviario, se convertiría en una arteria fundamental que detonaría el desarrollo regional. No solo reducirá a menos de 50 minutos los tiempos de desplazamiento entre Jamundí y el Centro de Cali, sino que a su paso habría toda una transformación urbana que impulsaría el desarrollo inmobiliario, la renovación y la movilidad sostenible, basada en un sistema de transporte con cero emisiones de material particulado. Difícilmente habrá una obra de infraestructura capaz de agrupar tantos efectos positivos.
En virtud de la aprobación de los cupos de deuda por parte de la Asamblea Departamental y del Concejo de Cali, entre la Gobernación y la Alcaldía hay recursos que ascienden a 1,2 billones de pesos que sirven de presupuesto inicial y de aporte inmediato de los entes territoriales para sacar adelante el proyecto, que requiere que el 70% lo ponga el Gobierno Nacional. Este esfuerzo implica, inevitablemente, que la Nación comprometa recursos para que este sueño del TCV se materialice no más allá de 2026, cuando podrían arrancar sus primeras obras.
La región es una de las que podría convertirse en pionera para reactivar el transporte ferroviario de pasajeros. En 10 años, esperamos, municipios como Palmira y Yumbo queden integrados al TCV, mientras se puede proyectar trenes de media distancia a ciudades intermedias como Buga, Tuluá y Cartago y capitales departamentales como Pereira. El estar en una planicie podría acelerar la realización de proyectos ferroviarios que muevan pasajeros y modernicen la capacidad logística de la región. Esto puede replicarse con facilidad en la Costa Caribe y en el Altiplano Cundiboyacense.
El gran consenso regional debe ser el Tren de Cercanías. No hay otro proyecto más importante que este, que permitirá que Cali y su Área Metropolitana se modernicen, mejore la calidad de vida y se consolide como una plataforma logística de primer nivel nacional e internacional, con impactos positivos en la economía muy importantes. Desprovistos de banderas políticas, no podemos perder la oportunidad que tenemos de impulsar la iniciativa más madurada en su género que tenemos en Colombia -como lo es el TCV- para que vuelva ese medio de transporte que nunca debió desaparecer: el tren.
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