domingo, 9 de febrero de 2025

El empleo: clave para erradicar la pobreza

Hay varios caminos para enfrentar la pobreza. Algunos tradicionales y con resultados limitados, como los servicios sociales asistenciales como los comedores comunitarios; otros más sofisticados, como las transferencias monetarias directas, que terminan siendo una pieza clave para mover la pobreza monetaria hacia abajo y que ha mostrado su efectividad, sobre todo en momentos de crisis económica y está la que, en mi concepto, se convierte en la estrategia más contundente y definitiva contra la pobreza: el empleo. En países como Colombia ha sido fundamental mezclar todo un arsenal de políticas para reducir la pobreza de forma sostenida en los últimos 30 años.

En Cali, por ejemplo, la punta de lanza de la política social han sido los comedores comunitarios. Si bien cumplen un servicio inobjetable, logísticamente son costosos y gozan de ineficiencias estructurales, además de que es difícil de capturar sus impactos en fenómenos como la desnutrición y en otras variables que se mueven en la misma vía que la pobreza. Insisto, intuitivamente son una herramienta útil pero está lejos de ser decisiva para enfrentar al enemigo más importante de una sociedad: la pobreza. Para este 2025, la Alcaldía encabezada por Alejandro Eder ha anunciado el inicio de una estrategia de lucha contra la pobreza basada en transferencias monetarias, lo cual constituye una revolución en la política social territorial.

Pero no podemos equivocarnos en algo: si una sociedad quiere erradicar la pobreza, la apuesta por la productividad es clave. En un sentido más práctico, la apuesta por la generación de empleo resulta fundamental. En la década pasada, en Cali hubo un comportamiento sincrónico entre la reducción de la pobreza monetaria y la generación de empleos formales. Según las estadísticas oficiales, en Colombia se estima que el 80% de los ingresos de las familias provienen de sus ingresos laborales; dicho de otro modo, las familias financian su acceso a bienes y servicios en su mayoría con el fruto de su trabajo. Así las cosas, un movimiento en la tasa de desempleo representa, para bien o para mal, un ajuste o desajuste crucial en el bienestar de los individuos.

La mejor política social es, por su efectividad, la generación de empleos formales. Eso plantea desafíos en cuanto a informalidad, que debe propenderse por su disminución, para lo cual se requiere arreglos en materia de simplificación de trámites y racionalización de las cargas tributarias corporativas y de los costos laborales que enfrentan las empresas. Hacer más barata la generación de empleo resulta un elemento de vital importancia en una política de estímulo que redunde en más puestos de trabajo creados. Pero, aún así, esto no basta.

Hacer lo necesario para que desde el lado de la demanda de trabajo existan condiciones -es decir, que las empresas estén listas para enganchar más trabajadores-; por el lado de la oferta se requiere inevitablemente profundizar en aspectos como el cierre de brechas entre lo que necesita el mercado y las habilidades de los individuos. Esto supone que, en mercados como el de Cali, se disponga de más trabajadores formados en habilidades como el bilingüismo, la programación y otras áreas de la economía digital, cluster que facturaa al año más de tres billones de pesos en la región. En la medida en que los individuos acumulen capital humano, la productividad será mayor y los ingresos también aumentarán para ellos y sus familias: ahí se rompe la cadena de la pobreza.

Desde luego, hay políticas públicas que no dan espera. Seguridad jurídica, seguridad física, infraestructura de transporte, educación de calidad, servicios de salud pertinentes y una buena estrategia de promoción de inversiones y de generación de cadenas de valor serán fundamentales, por citar algunos asuntos de gran importancia,  para  la generación de entornos propios para el crecimiento económico, que será el apalancador de la generación de empleos. Eso sí, por sí solo hacer crecer al PIB no bastará, se requiere una mezcla de políticas micro y macro que orienten los esfuerzos intersectoriales para mover la demanda de trabajo y llevar así el anhelado ingreso a las familias, en especial las más pobres.

La mejor política social es y será el empleo. De eso no quepa duda y en eso debemos concentrar nuestros esfuerzos en todos los niveles. 

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