Seamos sinceros: a nadie le gusta que le suban los precios. A nadie le gusta que suba el precio de la carne, mucho menos que suban los precios de los servicios públicos. Y, muchísimo menos, le gusta que le suban los impuestos. Existe algún grado de deshonestidad intelectual de aquellos quienes se niegan a la necesidad de subir los impuestos, más en países como Colombia donde las necesidades insatisfechas son aún elevadas. Y existe algún grado de valentía cuando un gobernante asume el costo de subir los tributos. Valentía, porque hoy decirlo es un camino seguro a la desfavorabilidad.
Cali ha decidido, luego de casi seis años, emprender la actualización catastral. En seis años, con una pandemia, un paro mortífero para la economía y luego un proceso de recuperación, el gobierno local no ha tenido actualizada la base de precios sobre la cual calcular el cobro de una de sus principales rentas: el Impuesto Predial Unificado. Dicha actualización consiste en, grosso modo, en coger predio por predio y estimar el impacto de sus mejoras, usos y mejoramiento de su entorno en el precio del respectivo inmueble. Hace seis años un lote podía tener una casa de un piso y, seis años después, tener una casa de tres pisos con apartaestudios y seguir pagando el mismo predial de 2019. Eso, por supuesto, no es admisible.
Desde mediados del año 2024, la Alcaldía de Cali emprendió esa tarea y, cómo no, han surgido malestares. Para efectos de equidad tributaria, se empezó en aquellas comunas de mayores ingresos per cápita de la ciudad, como lo son la 2, la 17 y la 22; por supuesto, tal actualización vino a verse reflejada en un reajuste del valor del Impuesto Predial- IPU que debe pagar cada propietario para el año 2025, con un ajuste máximo del 25%, aunque el predio haya podido tener un aumento superior en su valor catastral. Esto, que debería ser rutinario, se convirtió en un foco de debate porque salieron figuras críticas que, no sin un halito de oportunismo, cuestionaron la necesaria actualización del catastro. Toda empresa, toda casa bien ordenada debería tener un buen inventario de sus bienes. En Cali eso no pasaba.
La ley establece que las entidades territoriales deben hacer una actualización catastral al menos cada cinco años, aunque sería deseable que fuera anual. Una de las ventajas de que fuera anual es que los aumentos en el IPU podrían ser menores y el impacto de la actualización sería menor. No es lo mismo actualizar el precio de un bien cada 12 meses que con el acumulado de cinco o seis años. Además, la actualización catastral, que no estará exenta de errores puntuales que debe atenderse con celeridad cuando surjan, es vital para las finanzas públicas locales.
Cali, a diferencia de Medellín y de Bogotá, tiene unas rentas de capital casi inexistentes. Mientras Medellín recibe al año dividendos del grupo EPM o Bogotá del Grupo de Energía de Bogotá o de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado, la capital vallecaucana depende de dos rentas fundamentalmente: el Impuesto de Industria y Comercio y el Impuesto Predial Unificado. Es decir, gran parte de los gastos y de la inversión públicos que hace la Alcaldía de Cali se financia a partir del valor de los bienes inmuebles y de las ventas de las empresas formales de la ciudad. Así las cosas, actualizar es indispensable.
A lo largo de los últimos años, el recaudo tributario en Cali apenas si ha crecido en línea con el Índice de Precios al Consumidor, posicionando a la ciudad en la cola de la capacidad de inversión, formación bruta de capital y de presupuesto de las grandes capitales de Colombia. Una ciudad como Barranquilla, con la mitad de la población de Cali, recauda el mismo monto de Industria y Comercio y tiene rentas de capital muy superiores a las de la capital del Valle. Y esto es paradójico, cuando menos, si se entiende que Cali es la tercera economía urbana del país.
En medio de la demagogia que acompaña el debate, hay una realidad que nada puede cambiar: si queremos que Cali haga las obras que necesita, mejores sus servicios públicos y garantice mejor calidad de vida, procesos como la actualización del predial son imprescindibles. No hay opciones, no hay forma diferente de financiar el gasto público que no sea tener una adecuada fuente de ingresos tributarios. Esto es cuestión de plata y, en un escenario de necesidades crecientes, lo responsable es aceptar que tarde o temprano habrá que subir algún impuesto o ajustar la estructura de ingresos del gobierno, en cualquier nivel. El resto es demagogia.