Este mes, el Departamento del Valle del Cauca cumplió 115 años de existencia. El 16 de abril de 1910, se escindía del entonces Departamento del Cauca y se designaba a Cali, entonces una villa de no más de 20 mil habitantes, como la nueva capital. La expectativa de esa decisión fue que esta región aprovechara sus ventajas y potencialidades para crecer más y procurar un mayor bienestar para sus habitantes. Y hay que decirlo, en buena medida esa expectativa se cumplió y el Valle rápidamente se convirtió en la tercera economía de Colombia, con un crecimiento acelerado de su población. Muy pronto, el Departamento sofisticó sus sectores productivos, consolidó una infraestructura notable que permitió ampliar su capacidad instalada y floreció una red de ciudades intermedias.
El Valle es una región que goza de grandes potencialidades y ventajas. Tiene suelos fértiles en casi todos los pisos térmicos, lo que permite el desarrollo de una agroindustria clave para la generación de empleos y que fue la locomotora del crecimiento regional en el siglo XX; cuenta con un capital humano considerable, apalancado por la existencia de buenas universidades, lo cual se expresa en el asombroso desarrollo de sectores de alta sofisticación como el farmaceutico, los servicios de salud y la investigación médica y, por su localización, tiene un aeropuerto con una proyección muy interesante, que compagina muy bien con la infraestructura marítima y vial disponible. No en vano la economía vallecaucana es la más sofisticada del país.
Los vallecaucanos tienen enfrente una región con un increíble potencial de desarrollo y bienestar que, no obstante, tiene riesgos que impiden llegar a ese máximo nivel que requerimos y esperamos. Si no se eliminan esos osbtáculos, esa cadencia necesaria se verá afectada, como ya lo estamos viendo. A 115 años de la fundación del Valle del Cauca, debemos construir unos acuerdos mínimos sobre qué debemos enfrentar, qué cambios necesitamos profundizar y cuál es la senda que queremos recorrer. En ese sentido, encuentro cinco grandes retos que debemos acordar enfrentar con rigor para que la región sea la primera de Colombia:
Primero, es fundamental reducir a ritmo mucho mayor la violencia que afecta a municipios como Tuluá, Buenaventura, Cali, Jamundí y casi toda la subregión sur, fronteriza con el Cauca. Esto implica enfrentar a los grupos armados organizados presentes, cortar el suministro de insumos para las economías ilegales y recuperar el control institucional. Desarticular esos grupos debe ir de la mano de una agenda social que reduzca la incidencia del crimen en poblaciones vulnerables como los jóvenes. Es decir, educación, empleabilidad, productividad, apoyo psico social y emocional y otras actividades de construcción de entornos comunitarios sanos resulta fundamental.
Segundo, formular unas políticas de desarrollo con enfoque territorial, que permitan responder a los problemas y necesidades puntuales de cada subregión. El Valle del Cauca necesita una especie de planes de desarrollo con enfoque territorial para zonas golpeadas por la pobreza y la violencia, como el Litoral Pacífico, los municipios del sur y Tuluá. En el fondo, esto debe permitir que las brechas entre subregiones se empiecen a cerrar y exista una convergencia entre los municipios más rezagados y los más adelantados.
Tercero, es necesario modernizar y ampliar la infraestructura de transporte. En ese sentido, el Valle del Cauca necesita una apuesta determinada por el sistema férreo para movilizar carga y pasajeros; Cali y Cartago podrían estar conectados por un tren de velocidad media que en no más de dos horas -incluso menos- conecte al norte con el sur. Esto supone también un nuevo trazado desde Buga -que debe ser un gran puerto seco por su localización como cruce de caminos- hasta Buenaventura, un bypass en el área metropolitana de Cali y la consolidación del Tren de Cercanías. Pero también es fundamental la modernización del Aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, el dragado del Canal de acceso al puerto de Buenaventura y la pavimentación de vías secundarias y terciarias.
Cuarto, consolidar las vocaciones productivas del Valle con un impulso a la formación de capital humano: es fundamental que exista una mayor cobertura de universidades e instituciones de educación superior, técnica y tecnológica, para formar mano de obra cualificada que se convierta en la mejor carta de presentación a la hora de atraer inversión privada nacional y extranjera. Por ejemplo, Cali tiene el potencial para ser el Houston de América Hispana por sus servicios médicos; Buga una plataforma logística; Palmira un epicentro de desarrollo agrícola y el norte un polo de atracción de turismo, por mencionar casos donde se requerirá mano de obra con conocimientos en esos sectores de alto potencial de crecimiento.
Y, finalmente, se requiere fortalecer las capacidades de las instituciones públicas para gerenciar el desarrollo regional. Esto supone mejorar la capacidad de las entidades estatales del orden departamental para atraer y retener talento humano de alto desempeño; ampliar los ingresos de la Gobernación a través de una gestión tributaria más eficiente, de la reducción de los gastos de funcionamiento y con negocios rentables que dejen dividendos que automáticamente se convertirán en recursos de inversión pública. También es prudente mejorar los programas del gobierno departamental para que respondan a las necesidades de la región y a las prioridades trazadas. El sector público debe liderar y generar los incentivos para alinear a todos los sectores.
A 115 años de fundación del Valle del Cauca, la sociedad civil vallecaucana debe comprender lo mucho que hemos avanzado en un siglo, pero que aún no estamos en el lugar que podríamos estar en Colombia y ante el mundo. Un departamento seguro, bueno, mejor para todos y que sea una opción de vida para las generaciones presentes y futuras es posible, de nosotros depende. En este mes donde celebramos un año más de nuestro departamento, la invitación es a no dejar de creer, acordar lo necesario para avanzar y ponernos manos a la obra. Este Valle encantado tiene una gran oportunidad esperando que no seamos inferiores al reto de aprovecharla.