martes, 24 de marzo de 2026

Caminos de hierro

Colombia debe volver a mirar con seriedad el uso del ferrocarril, como uno de los sistemas más eficientes para movilizar carga y pasajeros. Esta es una verdad de perogruyo, pero toca reiterarla ante la necesidad de acelerar la marcha alrededor del desarrollo del sistema ferroviario en Colombia, que se dejó languidecer en los últimos 30 años. Y aunque se han hecho esfuerzos como la alianza público privada que rehabilitó el tren entre La Dorada y el norte del país, son esfuerzos insuficientes. El país debe avanzar hacia una red férrea que permita movilizar más carga, mover pasajeros y aprovechar las eficiencias propias de estos sistemas de transporte. 

Rehabilitar los viejos trazados no es la salida que permita que los trenes operen de forma sostenida. El caso del Ferrocarril del Pacífico, con sus sucesivas concesiones, así lo demuestra: hay que revisar trazados y la tecnología de construcción y operación para garantizar que sean sistemas duraderos en el tiempo, de lo contrario seguirán siendo sistemas poco rentables que requieren gran inversión inicial pero que llegan con dificultad al punto de equilibrio. Siguiendo con ese ejemplo, una línea que una a Buenaventura con el resto del país tendrá que contemplar viaductos, puentes y variantes que eviten el paso obligado por Yumbo y Cali. Hoy el trazado es, en esencia, el mismo que concibió el ingeniero Cisneros a finales del siglo XIX. 

Los trenes en Colombia, además, deben tener un ente gestor nacional al estilo de RENFE y ADIF de España o de la SNCF de Francia, que permita estandarizar el servicio, administrar el material rodante y la operación y gestionar la infraestructura. Es difícil que el país avance en la recuperación del transporte ferroviario sin tener un sistema de administración, gestión y desarrollo. A futuro, quizás la Agencia Nacional de Infraestructura deba escindirse para dotar al Estado colombiano de una división de administración de infraestructura ferroviaria que se encargue de la gestión de las vías, talleres, estaciones y demás edificaciones del sistema.

El sistema de trenes en Colombia debe recuperar la capacidad de movilizar pasajeros y de conectar los principales centros poblados del país. Además de los sistemas de trenes urbanos y suburbanos, debe existir servicios de media y larga distancia que conecten a las grandes capitales entre ellas y presten servicio entre los municipios intermedios. Por ejemplo, no debería ser alocado pensar en una línea que una a Montería con Ríohacha, cubriendo a las capitales de la Costa Caribe o que una a Cali con las ciudades del Eje Cafetero. En América existen ejemplos que, con sus más y sus menos, dibujan la senda como lo es el caso del Tren Maya de México. 

Colombia tiene que construir un acuerdo que permita recuperar el sistema de transporte ferroviario como una opción real, tal como lo ha venido haciendo México, Chile y como ha tratado de mantenerlo Argentina. Esta determinación permitirá acelerar el desarrollo nacional, consolidar la integración territorial y hacer una apuesta por un transporte eficiente y ambientalmente más sostenible, que además le dará más opciones a los viajeros gracias a los conocidos efectos positivos de la competencia. Colombia tiene que seguir los caminos de hierro.

martes, 17 de marzo de 2026

La difícil elegancia del acuerdo

Luego del 8 de marzo, quedó una sensación de un no tan sutil regreso al bipartidismo. Por un lado, un Pacto Histórico -el movimiento que hoy mejor interpreta los sentimientos del electorado- fortalecido en grandes ciudades como Bogotá y Cali, con gran ascendencia en zonas como el Pacífico y el Suroccidente colombiano; por el otro, está el Centro Democrático con gran fuerza en el Valle de Aburrá, pero también con una fuerte presencia en la región Andina. Ambos partidos tuvieron notables crecimientos y representan, sin entrar en juicios éticos, a una parte considerable de la población colombiana. Sin embargo, quedan partidos tradicionales como el Liberal, el Conservador, la U y Cambio Radical que tienen una porción importante del electorado que, a todas luces, deben ser convidados a la mesa del acuerdo.

En el caso del Valle del Cauca, el Pacto Histórico se consolidó como la primera fuerza electoral. Un voto programático que respalda las tesis del actual gobierno, pero también un voto de protesta contra la clase política tradicional y contra las autoridades regionales, podríamos decirlo. No obstante, de los 13 escaños del Valle del Cauca en la Cámara de Representantes, siete corresponden a la oposición o a sectores críticos del Gobierno Nacional y a partidos tradicionales. Si bien el oficialismo ganó y se consolidó como la primera fuerza, es equivocado hablar de que goza de las mayorías decisorias. De hecho, hoy ningún movimiento o partido puede invocar la capacidad de decidir sin negociar con otros sectores políticos.

Pero, para llegar a acordar puntos esenciales -que básicamente deben tomar como punto de partida qué necesita la gente para mejorar su calidad de vida-, se requiere una profunda y honesta reflexión. No hago parte del Pacto ni soy afín a su ideario, pero sí creo que como parte de un sector crítico de la izquierda y del Gobierno actual me asiste la necesidad de meditar sobre lo ocurrido para entender lo que pasó el 8 de marzo en Colombia y, específicamente, en el Valle del Cauca. Quiero sugerir aquí tres cavilaciones que nos permitan entender un poco mejor lo ocurrido:

La primera, es que un grupo considerable de la gente en el Valle tiene un malestar hondo con el status quo que representan los otros sectores políticos; algo debería decirnos que el 40% del electorado caleño, por ejemplo, haya optado por el Pacto Histórico. Y es un malestar que, si lo miramos con detenimiento, tiene fundamento cuando revisan que la pobreza, la corrupción y la violencia siguen presentes en el escenario. El ciudadano no va a entrar a revisar si se ha reducido o no, simplemente quiere que se note un esfuerzo sincero por enfrentar esos flagelos y corregirlos. Nos viene bien la autocrítica para entender ese malestar. Lo social importa y hay que tratar de sentir lo que la piel del ciudadano crítico y molesto está sintiendo y percibiendo.

La segunda reflexión es que hay sectores de la sociedad colombiana y vallecaucana que, de todas maneras, se mantienen críticos al actual Gobierno y que, también, tienen un malestar. No deja de llamar la atención que, en Cali, la segunda fuerza sea el Centro Democrático y aún tengan arraigo en cerca del 15% del electorado, que se sube al 20% con Salvación Nacional. Y aunque la votación del PH es impresionante y asciende al 39% en Cámara y 40% en Senado, existe un bloque considerable de ciudadanos que optaron por partidos de oposición, partidos tradicionales o partidos moderados. Ignorar que la mayoría del electorado está disperso aleja cualquier principio de debate político sano.

Y, en tercer lugar, conviene entender que los partidos tradicionales siguen presentes. Aproximadamente el 23% de los electores decidieron votar por opciones que podemos considerar como propias de la política tradicional. Asumir que sin esas estructuras se puede construir consensos o gobernabilidad es una visión equivocada que puede acentuar una ruptura política. Para construir mayorías sociales y políticas hará falta sumar e, inevitablemente, eso implica convocar a uno de cada cinco votantes que eligieron las casas políticas tradicionales. 

¿Qué sigue? El mensaje que envió al país el alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, cuyo partido no obtuvo ningún resultado en la Capital es un buen ejemplo: convocar a las bancadas de congresistas electos y tratar de construir consensos sobre algunos temas fundamentales, partiendo del principio que también habrá temas que serán causa de alejamiento. Y en esencia, esa es la reflexión final:

El consenso no suprime el debate y cada bloque tendrá el derecho democrático a impulsar su agenda, así como otros tendrán el derecho a oponerse. Sin embargo, la pugnacidad en el debate político sirve para generar interacciones en redes y mover emociones en campaña, pero rara vez permite que se conduzca a resultados materiales en la calidad de vida de los ciudadanos. Hoy no hay victorias aplastantes ni mayorías amplias. Lo que esperamos es que se logre la difícil elegancia del acuerdo. Por el bien general, que así sea.

Caminos de hierro

Colombia debe volver a mirar con seriedad el uso del ferrocarril, como uno de los sistemas más eficientes para movilizar carga y pasajeros. ...