En la recta final de las elecciones del Congreso y con la campaña presidencial a punto de iniciar su etapa final y definitiva, la ausencia de temas duros para la sociedad colombiana parece ser la regla. Los candidatos se han dedicado a hablar o bien del presidente Petro o bien de los alcaldes, con un uso extensivo del SECOP, pero la agenda que pretenden posicionar desde el segundo semestre de 2026, cuando hayan asumido los cargos a los que aspiran, aún sigue sin verse con claridad. Desafíos como el orden público en algunas zonas del país, la infraestructura, el manejo fiscal y el deterioro del sistema de salud no parecen ser discusiones centrales.
En el caso del Valle del Cauca, existe una serie de desafíos que requieren el compromiso del próximo gobierno y de la bancada regional en el Congreso de la República. Hoy me gustaría dejar esbosados algunos retos que, estoy seguro, quisiéramos los vallecaucanos que se pongan sobre la mesa y comprometa a los próximos elegidos, independientemente de los partidos políticos a los que pertenezcan:
En primer lugar, indudablemente el próximo Gobierno debe entender el afán de apagar el incendio que representan los grupos armados organizados en el suroccidente colombiano, en particular en ese corredor montañoso conectado con la Costa del Pacífico que va desde el sur del Departamento del Cauca hasta el sur del Valle. Estos grupos suponen una de las mayores amenazas contra la seguridad regional y nacional e imponen una especie de efecto viento de cola que golpea a Cali y al sistema de ciudades del Valle del Cauca como Buga, Tuluá y Cartago.
En segundo lugar, hay un asunto que no admite mayor dilación y es refrendar y materializar el compromiso del Gobierno Nacional que viene - independientemente de quién gane- con el Tren de Cercanías. Sin falsas disyuntivas como las que planteó el saliente presidente Petro, sino con determinación real de entregar los recursos para la línea 1 Cali- Jamundí y para los estudios avanzados y la factibilidad de las líneas restantes. Sin falta, esto debe ser un acuerdo de la próxima bancada regional en el Congreso, donde esperamos que se actúe con madurez y sentido de responsabilidad.
En tercer lugar, se debe formular un plan maestro para el Aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, para que se consolide como la puerta del Suroccidente colombiano. Esto implica concesionarlo, para garantizar que se inyecten los recursos para una nueva terminal nacional, mejor tecnología, ampliar su capacidad de carga y pasajeros y proyectar una segunda pista. Cali y la región no pueden darse el lujo de quedarse atrás en infraestructura aeroportuaria.
Podría citar más compromisos pendientes, como el dragado del puerto de Buenaventura, pavimentación de vías secundarias y terciarias o más recursos para la infraestructura de salud y de educación, además del estímulo necesario a la construcción de vivienda. El Valle debe recibir aún más con respecto a lo que aporta al PIB del país y ser atendido con sentido de prioridad: está enclavado en una zona de gran complejidad social, con grandes rezagos de desarrollo y con un potencial enorme derivado de ser el andén Pacífico de Colombia.
En ese sentido, entrego mi confianza en que Juan Fernando Reyes Kuri, desde el Senado de la República, podrá ser una voz altamente influyente y sensata para ayudar a impulsar una agenda de competitividad, crecimiento y desarrollo para el Valle del Cauca y el suroccidente colombiano.