lunes, 30 de diciembre de 2024

Las cinco de 2024

El año 2024 llega a su fin. En el caso puntual de Cali, parece que fue un año positivo en el balance, no sin algunas sombras, pero que dejó ver una senda de buen desempeño en distintos campos, lo que hace pensar que existen las bases para que 2025 mantenga esa buena tendencia. Ese buen desempeño se expresa en campos como la economía, la seguridad, las finanzas públicas y la infraestructura, que deja unos hitos en este año que termina que vale la pena resaltar, por su importancia y trascendencia.

En primer lugar, cierra Cali con un buen balance en materia de mercado laboral. Por primera vez en 18 años, Cali acumula dos trimestres positivos de tasa de desempleo de un solo dígito; adicionalmente, tras 13 trimestres donde se destruían más empleos de los que se creaba, hoy la capital del Valle invirtió esa tendencia, redujo el desempleo juvenil y la subocupación. Eso habla de unos sectores productivos movilizados por bocanadas de aire fresco como la COP16, pero también de un entusiasmo que se ha visto reflejado por el mejoramiento de la confianza de los consumidores. Hay confianza y ha habido hechos dinamizadores que nos dejan un balance positivo.

En segundo lugar, Cali cerrará 2024 con menos de 1000 homicidios, por segunda vez en esta década. Con una consideración adicional y es que es una cifra incluso inferior a la del año 2022, cuando se registraron 982 muertes violentas frente a las 940 que se estima que sea el dato de este año que termina. Así mismo, durante estos 12 meses, la capital vallecaucana experimentó reducciones en todos los delitos de alto impacto y consolidó una tendencia positiva en disminución del delito. Por supuesto, el panorama sigue siendo retador y la violencia y la inseguridad siguen siendo la principal preocupación y el primer tema en la agenda pública caleña. Cali no va a despegar al nivel que esperamos si no se lleva la violencia y el delito a los estándares aceptables.

En tercer lugar, Cali logró dar un paso fundamental hacia la movilidad sostenible con dos hitos importantes: por primera vez desde el inicio de la pandemia, en 2020, la demanda de pasajeros del MIO sube de los 300.000 viajes diarios y aumentó en un 10% la flota disponible del sistema. Además, como hecho inédito, se dejó asegurados medio billón de pesos a través del cupo de endeudamiento aprobado por el Concejo que irá para financiar el Tren de Cercanías. Eso quiere decir que, por fin, el sistema de transporte ferroviario para Cali y la región cuenta con recursos que permitirán que entre dos y tres años empiecen las obras.

En cuarto lugar, Cali en 2024 consolidó una red de atención social que distribuyó más de 10 mil toneladas de alimentos a personas en situación de pobreza y dejó creado un programa de ingreso mínimo garantizado para mujeres cabezas de familia en situación de pobreza extrema. Con una red de 762 comedores comunitarios que atienden a más de 80.000 personas y el primer programa de transferencias monetarias, la política social de Cali adquiere un matiz trascendental porque pone el foco en la lucha contra la pobreza. 

Y, por último, la ciudad logró una proyección internacional inédita de la mano de la COP16, de festivales como el Petronio Álvarez y la Feria de Cali. Esto se vio reflejado en hechos como la presentación de la imagen de la campaña de mercadeo de ciudad en el Times Square de Nueva York y en que se mantuvo el apetito del turismo nacional e internacional. Hoy la capital del Valle del Cauca está mucho mejor situada ante el concierto global.

Sin duda, persisten retos, pero lo importante en 2025 será mantener el vuelo de crucero dándole un impulso notable a la inversión pública como estímulo al consumo y la actividad económica; en avanzar hacia la reducción de la violencia; en cerrar brechas y en la consolidación de capacidades institucionales que permitan mantener las victorias, sobreponerse a las derrotas y crear entornos generosos para la calidad de vida y el bienestar de los caleños. Además, es imperativo preservar la confianza que hoy se tiene en el alcalde Eder para garantizar gobernabilidad.

Un feliz año 2025.

lunes, 9 de diciembre de 2024

Crecimiento como política social

Durante el mes y medio que duró el estudio en el Concejo de Cali de la solicitud de autorización de cupo de endeudamiento por 3.5 billones que hizo el alcalde Alejandro Eder, uno de los asuntos que más relevancia cobró es el marcado contraste entre lo que las distintas corrientes de pensamiento político entienden por lo social. Dentro de los análisis que presentó el gobierno local, estaba el impacto que la inyección de esos recursos pueden tener en la economía -medido como puntos adicionales de crecimiento del PIB que se puede llegar a alcanzar-, más lo que esto puede terminar generando en indicadores como pobreza y pobreza extrema. En el fondo, se asimila que el estímulo al crecimiento y a la demanda trae consigo efectos sociales mucho más potentes y medibles. Y yo, personalmente, eso es lo que creo.

Sin embargo, en el marco de la discusión, algunos dejaron clara su creencia de que no existía un enfoque social en el programa de inversiones propuesto para financiar con el cupo de endeudamiento y se apreció con fuerza la idea de que lo económico y lo social son, en el mejor de los casos, complementarios y no parte de una misma esencia. Armados de calificativos rimbonbantes, sectores detractores del gobierno del alcalde Eder manifestaron que, incluso, existía aporofobia en las decisiones y en la propuesta presentada al Concejo, al no existir un plan para fortalecer, por ejemplo, la red de comedores comunitarios. 

Esas visiones contradictorias no son excluyentes, en todo caso. Sin embargo, a la hora de priorizar el destino de los recursos -que por definición son escasos-, el peso de la decisión debe estar del lado de lo que agregue mayor valor público. En ese sentido, creo que privilegiar el crecimiento económico, la generación de empleo y la productividad termina siendo una apuesta más robusta y sostenible, además de medible. Si bien los recursos para los comedores comunitarios y los servicios sociales que hoy presta la Alcaldía de Cali gozan de presunción de impacto positivo, no es claro cuánto es su aporte en el impacto sobre variables como la desnutrición, las necesidades básicas insatisfechas o la misma pobreza monetaria. Cuando la decisión es pedirle al sistema bancario recursos para apalancar inversiones, tener un retorno más claro y unos impactos medibles resulta ser esencial.

Pero quiero detenerme en la importancia del crecimiento económico: es un requisito para la lucha contra la pobreza. Difícilmente se puede alcanzar mejores indicadores y mejores condiciones de vida si no existe un aparato productivo y unos mercados en expansión, más aún en sociedades en desarrollo como la nuestra. Existe evidencia robusta de que los mejores años de reducción de pobreza en Cali ocurrieron en los mismos años en que la ciudad creaba empleos formales a un ritmo mayor que el resto de las capitales de Colombia. Eso nos permite pensar, con algún grado de certeza, de que la expansión del mercado laboral trajo consigo la reducción de la pobreza monetaria y de la pobreza monetaria extrema. 

En el fondo, el espíritu de la inversión apalancada por deuda que pretende hacer el alcade Eder en Cali tiene como finalidad estimular la demanda: a más obras civiles, más requerimientos de materiales, insumos y mano de obra con niveles altos y bajos de cualificación. Y no son empleos transitorios, como los han querido desestimar de forma simplista en el debate público, porque estos empleos y la inversión de estos recursos billonarios deberán traer consigo unos efectos multiplicadores que harán que el efecto perdure en el tiempo, bien sea por la formación de empleos inducidos producto de las obras o por el encadenamiento productivo que se crea. E incluso, si fueran empleos transitorios, esos ingresos les permitirían a las familias mejorar su consumo, eventualmente ahorrar, pagar deudas o simplemente mejorar su bienestar, lo cual será mejor que nada. Sin embargo, ese no es el caso. 

Estamos en frente de dos perspectivas para enfrentar los problemas sociales más profundos que enfrentan Cali y Colombia en su conjunto. Posiblemente sea la pobreza el más difícil y urgente de todos, lo que obliga a pensar en medidas efectivas, sostenibles y rentables socialmente para enfrentarlos. Así las cosas, lo más recomendable es apalancar inversión para el crecimiento con los recursos del cupo de crédito público recienemente aprobado, mientras con ingresos corrientes se continúa financiando la operación de los servicios sociales de carácter asistencial habituales. No es lo uno o lo otro, son ambas cosas, pero entendiendo que el origen de los recursos obliga a decidir qué se paga con qué. Los que provienen del endeudamiento requieren, inevitablemente, pensar en un retorno que supere con creces el costo de deberle plata a los bancos. Y para eso se requiere datos, no opiniones.

El crecimiento económico es, también, una política social.

Compromiso con el Valle

En la recta final de las elecciones del Congreso y con la campaña presidencial a punto de iniciar su etapa final y definitiva, la ausencia d...