lunes, 9 de diciembre de 2024

Crecimiento como política social

Durante el mes y medio que duró el estudio en el Concejo de Cali de la solicitud de autorización de cupo de endeudamiento por 3.5 billones que hizo el alcalde Alejandro Eder, uno de los asuntos que más relevancia cobró es el marcado contraste entre lo que las distintas corrientes de pensamiento político entienden por lo social. Dentro de los análisis que presentó el gobierno local, estaba el impacto que la inyección de esos recursos pueden tener en la economía -medido como puntos adicionales de crecimiento del PIB que se puede llegar a alcanzar-, más lo que esto puede terminar generando en indicadores como pobreza y pobreza extrema. En el fondo, se asimila que el estímulo al crecimiento y a la demanda trae consigo efectos sociales mucho más potentes y medibles. Y yo, personalmente, eso es lo que creo.

Sin embargo, en el marco de la discusión, algunos dejaron clara su creencia de que no existía un enfoque social en el programa de inversiones propuesto para financiar con el cupo de endeudamiento y se apreció con fuerza la idea de que lo económico y lo social son, en el mejor de los casos, complementarios y no parte de una misma esencia. Armados de calificativos rimbonbantes, sectores detractores del gobierno del alcalde Eder manifestaron que, incluso, existía aporofobia en las decisiones y en la propuesta presentada al Concejo, al no existir un plan para fortalecer, por ejemplo, la red de comedores comunitarios. 

Esas visiones contradictorias no son excluyentes, en todo caso. Sin embargo, a la hora de priorizar el destino de los recursos -que por definición son escasos-, el peso de la decisión debe estar del lado de lo que agregue mayor valor público. En ese sentido, creo que privilegiar el crecimiento económico, la generación de empleo y la productividad termina siendo una apuesta más robusta y sostenible, además de medible. Si bien los recursos para los comedores comunitarios y los servicios sociales que hoy presta la Alcaldía de Cali gozan de presunción de impacto positivo, no es claro cuánto es su aporte en el impacto sobre variables como la desnutrición, las necesidades básicas insatisfechas o la misma pobreza monetaria. Cuando la decisión es pedirle al sistema bancario recursos para apalancar inversiones, tener un retorno más claro y unos impactos medibles resulta ser esencial.

Pero quiero detenerme en la importancia del crecimiento económico: es un requisito para la lucha contra la pobreza. Difícilmente se puede alcanzar mejores indicadores y mejores condiciones de vida si no existe un aparato productivo y unos mercados en expansión, más aún en sociedades en desarrollo como la nuestra. Existe evidencia robusta de que los mejores años de reducción de pobreza en Cali ocurrieron en los mismos años en que la ciudad creaba empleos formales a un ritmo mayor que el resto de las capitales de Colombia. Eso nos permite pensar, con algún grado de certeza, de que la expansión del mercado laboral trajo consigo la reducción de la pobreza monetaria y de la pobreza monetaria extrema. 

En el fondo, el espíritu de la inversión apalancada por deuda que pretende hacer el alcade Eder en Cali tiene como finalidad estimular la demanda: a más obras civiles, más requerimientos de materiales, insumos y mano de obra con niveles altos y bajos de cualificación. Y no son empleos transitorios, como los han querido desestimar de forma simplista en el debate público, porque estos empleos y la inversión de estos recursos billonarios deberán traer consigo unos efectos multiplicadores que harán que el efecto perdure en el tiempo, bien sea por la formación de empleos inducidos producto de las obras o por el encadenamiento productivo que se crea. E incluso, si fueran empleos transitorios, esos ingresos les permitirían a las familias mejorar su consumo, eventualmente ahorrar, pagar deudas o simplemente mejorar su bienestar, lo cual será mejor que nada. Sin embargo, ese no es el caso. 

Estamos en frente de dos perspectivas para enfrentar los problemas sociales más profundos que enfrentan Cali y Colombia en su conjunto. Posiblemente sea la pobreza el más difícil y urgente de todos, lo que obliga a pensar en medidas efectivas, sostenibles y rentables socialmente para enfrentarlos. Así las cosas, lo más recomendable es apalancar inversión para el crecimiento con los recursos del cupo de crédito público recienemente aprobado, mientras con ingresos corrientes se continúa financiando la operación de los servicios sociales de carácter asistencial habituales. No es lo uno o lo otro, son ambas cosas, pero entendiendo que el origen de los recursos obliga a decidir qué se paga con qué. Los que provienen del endeudamiento requieren, inevitablemente, pensar en un retorno que supere con creces el costo de deberle plata a los bancos. Y para eso se requiere datos, no opiniones.

El crecimiento económico es, también, una política social.

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