domingo, 23 de marzo de 2025
La Cali de la empresa
domingo, 16 de marzo de 2025
Menos pobreza
Seré tajante: si una política social no reduce la pobreza y los fenómenos que esta trae consigo, es una política social insuficiente. En un país como Colombia, donde aún uno de cada tres colombianos es pobre, el objetivo que debe guiar las políticas sociales no es otro que mejorar las condiciones materiales de esa porción de la población que no tiene lo suficiente para satisfacer sus necesidades. Es decir, puede haber programas para reducir el hambre, educación pública, salud subsidada y una batería de herramientas que enfrentan la vulnerabilidad derivada de la pobreza, pero si esta no se enfrenta en su génesis, persistirá.
En una ciudad como Cali, cerca de medio millón de personas viven en la pobreza monetaria y en la pobreza extrema. En síntesis, es una población que no tienen ingresos suficientes para acceder a una cesta de mercado suficiente para saciar sus necesidades materiales. Bien sea porque viven de emprendimientos de subsistencia, están en el subempleo o en el desempleo, en cualquiera de esos casos la conclusión es la misma: el mercado laboral no logra proporcionarles un empleo formal y digno. Así las cosas, ante la imposibilidad de que todos accedan a empleos bien remunerados -meta que, en todo caso, no debe abandonarse-, la política social desempeña un papel importante.
Desde hace varios años, programas como Familias en Acción pusieron a prueba la capacidad del Estado de transferirle dinero directamente al bolsillo de ciudadanos con unas condiciones de vulnerabilidad muy complicadas. Sin embargo, fue a partir de 2020, con la llegada de la pandemia, que se exploró un modelo más amplio de ingreso mínimo que recibieron millones de familias. Semejante despliegue de política basado en transferencias monetarias impidió que la pobreza llegara a niveles aún superiores en un momento de crisis profunda basada en la emergencia sanitaria y en las medidas draconianas implementadas a nivel internacional para contener el virus. Así las cosas, desde ese momento las transferencias monetarias aparecieron como una herramienta rápida para satisfacer una necesidad inmediata y la más sentida de las personas en pobreza: la falta de un ingreso.
A nivel territorial, el Gobierno de Bogotá implementó un programa de ingreso mínimo garantizado que complementó el esfuerzo del Gobierno Nacional con Ingreso Solidario. Desde entonces, solo la Capital de la República ha mantenido ese esfuerzo de política social con impactos muy importantes: aumentó en un 28,5% loas gastos familiares; 28,9% la seguridad alimentaria y disminuyó en 39,9% la inseguridad alimentaria moderada y severa. También se observaron resultados positivos en gastos en vivienda, educación y consumo de alimentos por persona. Dado que el mercado laboral no podrá resolver todas las necesidades materiales en el corto plazo, una política social basada en transferencias monetarias llega como una herramienta efectiva.
Cali, con la llegada de Alejandro Eder a la Alcaldía, se sumará a Bogotá y comenzará muy pronto esta estrategia para enfrentar la pobreza monetaria a través de un programa de ingreso básico o transferencias monetarias para familias en vulnerabilidad. A pesar de la estrechez fiscal estructural, la determinación de sofisticar la política social es un paso trascendental para una ciudad que requiere con urgencia apagar las demandas de una proporción de la ciudadanía que no logra acceder a los bienes mínimos para vivir. De esto poco se habla, pero puede ser uno de los hitos de política pública más importantes de la década. Menos pobreza es un objetivo sencillo, claro y coherente. Y está probado que poner dinero en el bolsillo de la gente es una vía rápida y muy efectiva para lograrlo.
domingo, 9 de marzo de 2025
Pobre ciudad rica
martes, 4 de marzo de 2025
El despegue de Cali
El denominado "take-off" o "despegue" fue un concepto desarrollado por un economista estadounidense en los años 1950, W. W. Rostow. El concepto se asimila con el proceso de despegue de un avión, que requiere que previamente se genere una velocidad crítica que permita empujar la nave y alzar vuelo. En esencia, Rostow postula que las economías requieren unas condiciones previas que, con las adecuadas tasas de inversión, permitan un crecimiento elevado. Cali necesita crecer y para esto necesitamos configurar esas condiciones previas que permitan ese anhelado vuelo.
A principios del siglo XX, Cali era una apacible villa cuya importancia radicaba en ser un punto de paso obligado hacia el Pacífico, hacia el sur del país y el Ecuador y desde esas regiones ser la puerta a la región Andina. No mucho más que eso. En casi cuatro siglos, la población de Cali crecía a tasas vegetativas, a duras penas perceptibles y no prometía ser un gran centro urbano. Sin embargo, todo cambió entre 1910 y 1915, cuando a Cali se le declara capital del nuevo Departamento del Valle del Cauca y con la llegada del Ferrocarril del Pacífico, respectivamente. Ese lapso de cinco años puede ser visto como el primer despegue de la ciudad, donde floreció una actividad agro industrial y se consolidó poco a poco como un centro logístico para el suroccidente.
En esa segunda década del siglo XX, Cali amplió su capacidad instalada apalancada por el ferrocarril que conectaba con Buenaventura y prontamente iría hacia el Cauca y el Eje Cafetero, pero también se impulsó por las inversiones de las empresas en fábricas e instalaciones que dotaron a la ciudad de capital para crecer, que permitió que Cali sobrepasara finalmente a ciudades como Buga y Popayán, que durante gran parte del siglo XVIII y XIX dominaron el concierto urbano del suroccidente colombiano.
Un segundo despegue se puede citar en la década de 1970, con los Juegos Panamericanos de 1971. Ese despegue fue significativo porque vino de la mano de inversiones públicas que fueron claves para acelerar el crecimiento local, tales como las infraestructuras deportivas, el campus de la Universidad del Valle, la central de buses y el Aeropuerto Internacional, que le permitió a Cali ser un importante centro de conexiones entre el sur y el norte del continente. De la mano de esa inversión histórica en infraestructuras, se amplió la capacidad hotelera y se precipitó una inversión extranjera en sectores como los alimentos. Entre 1970 y la década de 1990, Cali duplicó su población y se consolidó como la tercera economía de Colombia.
Estoy convencido de que viene el tercer despegue y hemos avanzado en crear las condiciones de velocidad crítica que se necesita. En las dos primeras décadas del siglo XXI, Cali construyó el MIO y se dotó al Aeropuerto de una segunda terminal; se consolidaron sectores productivos de altísima eficiencia como el de los servicios de salud, economía digital y la construcción, permitiendo que la capital del Valle tenga una de las ofertas productivas más diversificadas del país y un crecimiento por encima de la tasa nacional. Sin embargo, con la persistencia de la pobreza y de la violencia, pensar en un crecimiento mayor es indispensable.
En ese orden de ideas, para acelerar el crecimiento y lograr el esperado tercer despegue existen dos elementos fundamentales para lograrlo: la construcción del Tren de Cercanías, que es la mayor obra de infraestructura de la historia reciente, que será el eje estructurante de otra condición necesaria para alcanzar el take off, la cual es la ciudad región. En ese sentido, Cali avanzó hacia conformar el Área Metropolitana con municipios aledaños, a pesar de una infame campaña plagada de mezquindades que impidió la necesaria integración con municipios como Palmira y Candelaria. Ahí toca persistir y materializar esa integración con políticas metropolitanas efectivas.
El Tren durante su construcción irrigará recursos en distintos sectores, teniendo así un efecto multiplicador en la economía representado esto en empleos y mayores ventas para los sectores proveedores de bienes y servicios para la ejecución de este macro proyecto. Una vez construido, tendrá impactos en la actividad inmobiliaria y en el desarrollo urbano, reconfigurando incentivos y cambiando los hábitos de movilidad de miles de usuarios al día. El tercer despegue de Cali en un siglo vendrá de la mano de esta obra y de la capacidad de consolidarse como Ciudad Región, además de otras inversiones como la modernización del Aeropuerto, la consolidación de las obras de infraestructura de la Malla Vial del Valle del Cauca y de proyectos como los de renovación urbana. Esto tendrá que servir de motor que acelere inversiones privadas nacionales y extranjeras que, en últimas, serán los que permitan que Cali coja un nuevo vuelo.
El despegue de Cali es la meta.
Compromiso con el Valle
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