El denominado "take-off" o "despegue" fue un concepto desarrollado por un economista estadounidense en los años 1950, W. W. Rostow. El concepto se asimila con el proceso de despegue de un avión, que requiere que previamente se genere una velocidad crítica que permita empujar la nave y alzar vuelo. En esencia, Rostow postula que las economías requieren unas condiciones previas que, con las adecuadas tasas de inversión, permitan un crecimiento elevado. Cali necesita crecer y para esto necesitamos configurar esas condiciones previas que permitan ese anhelado vuelo.
A principios del siglo XX, Cali era una apacible villa cuya importancia radicaba en ser un punto de paso obligado hacia el Pacífico, hacia el sur del país y el Ecuador y desde esas regiones ser la puerta a la región Andina. No mucho más que eso. En casi cuatro siglos, la población de Cali crecía a tasas vegetativas, a duras penas perceptibles y no prometía ser un gran centro urbano. Sin embargo, todo cambió entre 1910 y 1915, cuando a Cali se le declara capital del nuevo Departamento del Valle del Cauca y con la llegada del Ferrocarril del Pacífico, respectivamente. Ese lapso de cinco años puede ser visto como el primer despegue de la ciudad, donde floreció una actividad agro industrial y se consolidó poco a poco como un centro logístico para el suroccidente.
En esa segunda década del siglo XX, Cali amplió su capacidad instalada apalancada por el ferrocarril que conectaba con Buenaventura y prontamente iría hacia el Cauca y el Eje Cafetero, pero también se impulsó por las inversiones de las empresas en fábricas e instalaciones que dotaron a la ciudad de capital para crecer, que permitió que Cali sobrepasara finalmente a ciudades como Buga y Popayán, que durante gran parte del siglo XVIII y XIX dominaron el concierto urbano del suroccidente colombiano.
Un segundo despegue se puede citar en la década de 1970, con los Juegos Panamericanos de 1971. Ese despegue fue significativo porque vino de la mano de inversiones públicas que fueron claves para acelerar el crecimiento local, tales como las infraestructuras deportivas, el campus de la Universidad del Valle, la central de buses y el Aeropuerto Internacional, que le permitió a Cali ser un importante centro de conexiones entre el sur y el norte del continente. De la mano de esa inversión histórica en infraestructuras, se amplió la capacidad hotelera y se precipitó una inversión extranjera en sectores como los alimentos. Entre 1970 y la década de 1990, Cali duplicó su población y se consolidó como la tercera economía de Colombia.
Estoy convencido de que viene el tercer despegue y hemos avanzado en crear las condiciones de velocidad crítica que se necesita. En las dos primeras décadas del siglo XXI, Cali construyó el MIO y se dotó al Aeropuerto de una segunda terminal; se consolidaron sectores productivos de altísima eficiencia como el de los servicios de salud, economía digital y la construcción, permitiendo que la capital del Valle tenga una de las ofertas productivas más diversificadas del país y un crecimiento por encima de la tasa nacional. Sin embargo, con la persistencia de la pobreza y de la violencia, pensar en un crecimiento mayor es indispensable.
En ese orden de ideas, para acelerar el crecimiento y lograr el esperado tercer despegue existen dos elementos fundamentales para lograrlo: la construcción del Tren de Cercanías, que es la mayor obra de infraestructura de la historia reciente, que será el eje estructurante de otra condición necesaria para alcanzar el take off, la cual es la ciudad región. En ese sentido, Cali avanzó hacia conformar el Área Metropolitana con municipios aledaños, a pesar de una infame campaña plagada de mezquindades que impidió la necesaria integración con municipios como Palmira y Candelaria. Ahí toca persistir y materializar esa integración con políticas metropolitanas efectivas.
El Tren durante su construcción irrigará recursos en distintos sectores, teniendo así un efecto multiplicador en la economía representado esto en empleos y mayores ventas para los sectores proveedores de bienes y servicios para la ejecución de este macro proyecto. Una vez construido, tendrá impactos en la actividad inmobiliaria y en el desarrollo urbano, reconfigurando incentivos y cambiando los hábitos de movilidad de miles de usuarios al día. El tercer despegue de Cali en un siglo vendrá de la mano de esta obra y de la capacidad de consolidarse como Ciudad Región, además de otras inversiones como la modernización del Aeropuerto, la consolidación de las obras de infraestructura de la Malla Vial del Valle del Cauca y de proyectos como los de renovación urbana. Esto tendrá que servir de motor que acelere inversiones privadas nacionales y extranjeras que, en últimas, serán los que permitan que Cali coja un nuevo vuelo.
El despegue de Cali es la meta.
Andrés Felipe, excelente columna,este tercer despegue se dará, tengo fé porque Eder está haciendo crecer Cali, todos tenemos que unirnos y apoyarlo, dejemos queos resentidos sigan sufriendo ara adelante!!!
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