jueves, 23 de abril de 2026

Bogotá ejemplar

De Bogotá se habla mucho. Para muchos, es una ciudad gris y sin alma, para otros es una vibrante metrópoli llena de historia y que se ha reinventado en los últimos años. Por supuesto, es una ciudad con muchos problemas, algunos propios de un conglomerado de casi 10 millones de personas y, por otro lado, por la acumulación de errores de políticas y de negligencias del Estado, como la segregación espacial, la degradación ambiental, la inseguridad y el deterioro del entorno urbano. Nadie podría creer lo que fue la Avenida Caracas a mitad del siglo pasado y lo que llegó a ser a finales de los años 1990, incluso con la intervención de TransMilenio. Sin embargo, en Bogotá se consolidó el turismo, la cultura y se hicieron renovaciones urbanas notables e inspiradoras como el eje ambiental de la Avenida Jiménez, la biblioteca Virgilio Barco o el Parque del Tercer Milenio. Sede de universidades de primer nivel, de grandes empresas y hasta de restaurantes que no tienen mucho que envidiarle a sus pares madrileños o de cualquier gran urbe hispanoamericana. Bogotá, en medio de sus contrastes y retos, ha prevalecido.

Y aunque la pugnacidad del debate político ha capturado nuestra capacidad de reconocer avances, llevándonos a un estruendoso negacionismo de cualquier progreso, hoy Bogotá es una ciudad ejemplar. Y lo es porque, a diferencia de lo que pasa en Cali o en otras ciudades, ha sabido destrabar la visión de largo plazo y aislarla de los ciclos políticos que suelen imponer estrechez de miras. La Capital de Colombia dio unos pasos importantes cuando, a finales de los años 1990, empezó una de las estrategias de renovación urbana más importantes, con la transformación del viejo Cartucho en un parque urbano y con la construcción de las primeras líneas del sistema TransMilenio.

Y, casi 30 años después, Bogotá dio el paso más importante de su historia: construir la primera línea del Metro y corregir el error histórico de dilatar su realización. Los bogotanos, a pesar de la mezquindad inherente a la pugnacidad política, reconocieron que el mejor metro es el que se hace y emprendieron la responsabilidad histórica de dotar a la Capital de un sistema de transporte multimodal, con la espina dorsal en la primera línea y en las futuras líneas 2 y 3, sin renunciar a hacer más troncales de TransMilenio. Adicional a ello, la región metropolitana construye la primera línea del tren de cercanías de Occidente y camina hacia el desarrollo de la línea norte. A la vuelta de una década, las decisiones que tomó Bogotá dejarán como legado el mejor sistema de transporte público de Colombia.

De la Bogotá caótica de los años ochenta a la Bogotá en obra de hoy, que muchos no reconocen o se niegan a reconocer, hay una serie de lecciones que debemos aprender y tomar en otras ciudades. Quizás la lección más importante es que las grandes transformaciones solo son posibles cuando se dejan de ver como una bandera de un alcalde o de un partido político y se convierten en causas de, por y para la ciudad. Las grandes obras de transporte y desarrollo urbano que hacen en la ciudad más grande de Colombia han sido desarrolladas por alcaldes de todos los espectros de la política. Y aunque el debate sobre si la primera línea debía ser elevada o subterránea parecía ser una ruptura en esa visión de largo plazo, nunca esa discusión bizantina fue más fuerte que la determinación de desarrollarla.

Ahora bien, Bogotá tiene unos frentes donde aún debe tomar decisiones de largo plazo, como en el caso de la seguridad y del deterioro ambiental. Sin embargo, en la toma de otras decisiones lo ha hecho bien y ese desarrollo en infraestructura es un ejemplo nacional de cómo, incluso con las contradicciones propias de la política, las soluciones reales y de largo plazo deben ser una hoja de ruta a la cual se atemperen los actores políticos. Bogotá tiene una oportunidad de oro de mostrarle a Colombia y al mundo ese resurgir, señalando lo bueno, corrigiendo lo malo y poniendo en el centro de la discusión no a quién tiene la razón sino las soluciones que esperan sus habitantes para mejorar su calidad de vida. Ya lo está haciendo y eso es ejemplar.

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